A ratos más feliz que nadie y a ratos más jodida que todo el mundo.
Es difícil convivir en una sociedad en la que ves a todo el mundo feliz menos tú mismo. Todos están contentos de la mano de sus parejas. Contentos comiéndose un helado o hablando por teléfono. Lo peor es cuando todo resulta monotemático. Cuando todo tiene que ver con la felicidad del resto. Cuando todo lo bonito, espectacular, sensacional, increíble, fantástico, original y divertido es de los demás y es tan repetitivo que llega a restregarse por la cara de uno mismo hasta hacer daño. Lo que resulta espectacular es cuando te comparas y hay un desequilibrio emocional brutal entre uno mismo y el resto. Donde no ves nada más allá que lo malo que recibes de la vida.
Intentas cambiar tu forma de ser por los demás pero resulta estúpido hacerlo, porque no llegas a ninguna parte. Seguirás siendo la persona adecuada para los favores que todo el mundo necesita y cuando todo esté solucionado te volverás transparente. Nadie te verá y quedarás en el olvido total hasta que vuelvas a ser necesaria. Ahí es cuando se produce un círculo vicioso. Pasa de opaco a translucido y de translucido acabas siendo transparente como siempre.
No creo que esto pueda torcerse mucho más.